miércoles, 25 de abril de 2018

Encuentro con Ruth

Victoria llevaba un rato sin ver a su marido, Paul, que ya tenía que estar a su lado desde que salió del coche.
Decidió ir a buscarlo y lo que descubrió la paralizó.
Allí estaba él, parado al lado de un vehículo, último modelo de alta gama, conversando animadamente con su conductora.
El tono de voz utilizado por él era suave, gentil y seductor.
Saltaban destellos de atracción, al menos por una de las dos partes. La de Paul.
 
Victoria se acercó, pues ella también conocía a Ruth, antigua vecina del barrio donde ella y su esposo habían crecido.
 
Al concluir los intercambios formales pertinentes, Victoria recordó con amargor  que Paul siempre había sentido una marcada debilidad por aquella mujer. Comprobar que dicho sentimiento perduraba la perturbó y un agotador derrumbamiento anímico se apoderó de su ser.
 
No recordaba las artes seductoras de Paul y le dolía profundamente presenciarlas cuando iban dirigidas a otra.

 
En los días siguientes, Paul comentó su agradable encuentro con otros vecinos, con la evidente finalidad de prolongar el efecto mágico y placentero que dicho encuentro le había causado.
 
Sin embargo, Victoria se sentía desesperadamente triste.
¿Era posible que sintiera celos, a estas alturas? No podía creerlo.
Reflexionó al respecto y determinó que su intenso malestar provenía de la confirmación de que ella siempre había sido la segunda elección de su esposo. Éste, por rechazo, pereza o cobardía no se había atrevido con Ruth.
 
Victoria pensó que nunca es demasiado tarde y que quizá sugeriría a Paul lanzarse a la conquista de su verdadero amor.
 
Al fin y al cabo, Victoria también se merecía ser amada honesta y apasionadamente.
Ann
Foto: Alex Esteban
 
 

miércoles, 18 de abril de 2018

Un árbol con nariz



No nació con ella. La humedad, el entorno, el paso del tiempo dieron pie a su desarrollo.
 
Un día, al pasear, me llamó la atención la protuberancia que hasta ese momento no había observado.
 
¿Habría crecido a lo largo de los siete días que llevaba sin frecuentar la zona?
 
¿Habría sido fruto de algún violento encuentro con otro ejemplar de su especie?
 
¿Le serviría de algo aquella masa que le otorgaba una apariencia casi humana?
 
¿Conseguiría distinguir el aroma de su follaje o del césped que se extendía a sus pies?
 
Las preguntas quedarán para siempre sin respuesta pero allí se erguía ese sauce mostrando orgulloso su magnífica nariz.
Ann
 

sábado, 14 de abril de 2018

LIBRE




“Puedes ser cualquier cosa menos insignificante” le dijo un compañero veinte años atrás.
En la actualidad, observando su reflejo en el espejo, no dejaba de preguntarse de qué manera se había efectuado la metamorfosis y en qué momento había cruzado la frontera entre no ser insignificante y serlo por completo.

Le costaba que los camareros detectaran su espera al otro lado de la barra, que el personal de los comercios acudiera a su encuentro con el fin de satisfacer sus deseos de compra.

Nadie parecía verla, ni siquiera oírla. A menudo, era necesario repetir sus frases dos y tres veces hasta que decidía marcharse, cabizbaja y humillada.

Privada de las miradas necesarias para andar por la calle con valor y autoestima, podía haberse dejado ir a la deriva, caer en la profunda oscuridad de su íntimo sufrimiento.

Sin embargo y sin pretenderlo, aprendió a disfrutar de ese estado etéreo, a percibir la , sorprendentemente, bienvenida ventaja y tremenda libertad que le proporcionaba el hecho de que ningún ser la mirara, ni para bien ni para mal.
 
Peinados, vestimentas, actitudes, un amplio campo de experimentación se abría ante ella y estaba decidida a aprovecharlo.

Fue jugando con la ropa, atreviéndose a combinar colores y prendas, dejó de intentar aparentar una edad que ya no tenía, empezó a caminar con paso firme, canas al viento.

Por fin podía ser ella misma sin depender de las convenciones sociales ni de las absurdas modas, sin temer a ser juzgada ni criticada.

¡Por fín LIBRE!
Ann
Foto: Teo Castón