viernes, 21 de septiembre de 2018

Les vagues

Les vagues m'intimident.
Leur attitude agressive m'atterre.
 
Néanmoins, je m'introduis dans la mer.
 
Déjà, la première me prend à son piège. Elle m'entraine jusqu'au bord, m'engloutit dans ses tourbillons dantesques.
J'essaie de me relever mais en vain, je ressens une autre secousse plus terrifiante que la précédente alors que j'ai encore la vue aveuglée par l'eau salée. Je perds l'équilibre.
J'ai du sable jusque dans les oreilles.
 
Ja, c'est rigolo, on s'en refait une?
 

Ann 

jueves, 10 de mayo de 2018

La chica de la supletoria

Dicen que algunos actos o circunstancias vividas en la infancia influyen de por vida en nuestra manera de ser.
 
De niña, me tocó dormir en una cama turca, en habitación compartida con mi hermano, durante mis primeros 10 años, para más tarde, pasar a hacerlo en un sofá-cama individual, en un rincón del salón, a lo largo de otros tantos interminables años.
 
Me acomodé, muy a mi pesar, a todo tipo de situaciones, algunas de ellas inapropiadas debido a los horarios o a la actividad que allí se realizaba. ¡No temáis!, estoy hablando de visitas familiares o amistosas en momentos en los que, quizás, por edad, debería haber estado ya en los brazos de Morfeo, o de la visión de odiosos partidos de fútbol en la televisión y demás programas que no eran de mi interés.
 
 
Olvidados los ecos de épocas pasadas, observo con cierto estupor que siempre soy la que sigue durmiendo en ese tipo de camas: en casa cuando el peque se despierta en mitad de la noche, todas las noches y acudo a su llamada y velo por su sueño desde la cama nido; en los hoteles, cuando alguien tiene que quedarse en la cama pequeña, la de al lado del radiador o la de debajo de la ventana.
 
Enfin, que seré para siempre la chica de la supletoria.
Ann
Foto: Alex Esteban
 
 

miércoles, 25 de abril de 2018

Encuentro con Ruth

Victoria llevaba un rato sin ver a su marido, Paul, que ya tenía que estar a su lado desde que salió del coche.
Decidió ir a buscarlo y lo que descubrió la paralizó.
Allí estaba él, parado al lado de un vehículo, último modelo de alta gama, conversando animadamente con su conductora.
El tono de voz utilizado por él era suave, gentil y seductor.
Saltaban destellos de atracción, al menos por una de las dos partes. La de Paul.
 
Victoria se acercó, pues ella también conocía a Ruth, antigua vecina del barrio donde ella y su esposo habían crecido.
 
Al concluir los intercambios formales pertinentes, Victoria recordó con amargor  que Paul siempre había sentido una marcada debilidad por aquella mujer. Comprobar que dicho sentimiento perduraba la perturbó y un agotador derrumbamiento anímico se apoderó de su ser.
 
No recordaba las artes seductoras de Paul y le dolía profundamente presenciarlas cuando iban dirigidas a otra.

 
En los días siguientes, Paul comentó su agradable encuentro con otros vecinos, con la evidente finalidad de prolongar el efecto mágico y placentero que dicho encuentro le había causado.
 
Sin embargo, Victoria se sentía desesperadamente triste.
¿Era posible que sintiera celos, a estas alturas? No podía creerlo.
Reflexionó al respecto y determinó que su intenso malestar provenía de la confirmación de que ella siempre había sido la segunda elección de su esposo. Éste, por rechazo, pereza o cobardía no se había atrevido con Ruth.
 
Victoria pensó que nunca es demasiado tarde y que quizá sugeriría a Paul lanzarse a la conquista de su verdadero amor.
 
Al fin y al cabo, Victoria también se merecía ser amada honesta y apasionadamente.
Ann
Foto: Alex Esteban
 
 

miércoles, 18 de abril de 2018

Un árbol con nariz



No nació con ella. La humedad, el entorno, el paso del tiempo dieron pie a su desarrollo.
 
Un día, al pasear, me llamó la atención la protuberancia que hasta ese momento no había observado.
 
¿Habría crecido a lo largo de los siete días que llevaba sin frecuentar la zona?
 
¿Habría sido fruto de algún violento encuentro con otro ejemplar de su especie?
 
¿Le serviría de algo aquella masa que le otorgaba una apariencia casi humana?
 
¿Conseguiría distinguir el aroma de su follaje o del césped que se extendía a sus pies?
 
Las preguntas quedarán para siempre sin respuesta pero allí se erguía ese sauce mostrando orgulloso su magnífica nariz.
Ann
 

sábado, 14 de abril de 2018

LIBRE




“Puedes ser cualquier cosa menos insignificante” le dijo un compañero veinte años atrás.
En la actualidad, observando su reflejo en el espejo, no dejaba de preguntarse de qué manera se había efectuado la metamorfosis y en qué momento había cruzado la frontera entre no ser insignificante y serlo por completo.

Le costaba que los camareros detectaran su espera al otro lado de la barra, que el personal de los comercios acudiera a su encuentro con el fin de satisfacer sus deseos de compra.

Nadie parecía verla, ni siquiera oírla. A menudo, era necesario repetir sus frases dos y tres veces hasta que decidía marcharse, cabizbaja y humillada.

Privada de las miradas necesarias para andar por la calle con valor y autoestima, podía haberse dejado ir a la deriva, caer en la profunda oscuridad de su íntimo sufrimiento.

Sin embargo y sin pretenderlo, aprendió a disfrutar de ese estado etéreo, a percibir la , sorprendentemente, bienvenida ventaja y tremenda libertad que le proporcionaba el hecho de que ningún ser la mirara, ni para bien ni para mal.
 
Peinados, vestimentas, actitudes, un amplio campo de experimentación se abría ante ella y estaba decidida a aprovecharlo.

Fue jugando con la ropa, atreviéndose a combinar colores y prendas, dejó de intentar aparentar una edad que ya no tenía, empezó a caminar con paso firme, canas al viento.

Por fin podía ser ella misma sin depender de las convenciones sociales ni de las absurdas modas, sin temer a ser juzgada ni criticada.

¡Por fín LIBRE!
Ann
Foto: Teo Castón
 

viernes, 16 de febrero de 2018

La salle d'attente


 
De la salle d'attente de l'hôpital, j'observe les feuilles jaunies des peupliers se plier sous le léger vent glacé.
Les rayons du soleil, vifs quoique d'une force faible, rendent l'ambiance chaleureuse et réconfortante, ce qui s'avère  pertinent dans un endroit comme celui-ci.
Il s'agit donc d'une pièce accueillante.
La température est idéale.
Dehors, il fait très froid.
Le bruit du café qui coule, dans la machine à boissons chaudes, marque le rythme des allées et venues des patients et de leurs accompagnants.
La tristesse et le désarroi se font alors moins grands.
Ann
Photo: Alex Esteban 

jueves, 25 de enero de 2018

Amanecer


Cruzar la ciudad bajo la densa niebla, en bicicleta, antes del amanecer, ha resultado ser una experiencia plena e inquietante o más bien, plenamente inquietante.
Ann
Foto: Alex Esteban